El Ojo Vago


Castillos de Arena

He recuperado de mi blog abandonado el mejor relato que hice. Basado en hechos reales.
Playa

Tengo 22 años y siempre me gustó hacer castillos en la arena. Llegaba todos los putos días a la playa sobre las 18h ni muy temprano ni tarde. El caso es que siempre en mi zona estaba un enano gordo e hijo de puta, que se divertía rompiendome mis castillos. Uno de esos niños a los cuales le romperías la jeta si te los encontrases en un callejón oscuro y nadie te pudiera ver ya que en público todo el múndo los iba a defender. Esos niños producto de nuestra sociedad cuyo padre treintañero se caso de penalti con una puta de pueblo que se follo a pelo con 16 años cuando sonaban los temas del comienzo del bacalao “All That she wants” o “Saturday Night” en una noche loca de verano y nació ese puto mocoso hijo del demonio mal criado. Era ir al agua a refrescarme por el calor agobiante, y coger la puta ladilla esa y destrozar mi obra de arte saltando una y otra vez encima hasta que no quedaba resto alguno de mi castillo. Siempre lo miraba con cara de odio, no necesitaba forzarla, me había salido un nuevo enemigo. Yo quería que mis castillos se los llevase la marea al subir porque soy un puto romántico. El caso es que ya que los padres no le decían nada al chaval y tras una veintena de castillos rotos llegué a una solución. Fui a una farmacia en el pueblo de al lado y compré una jeringuilla. Al día siguiente llegué a mi sitio en la playa a las 16 de la tarde, cuando todo el mundo está todavía con el postre. La playa estaba desierta quitando a alguna abuela en topless cuya imagen es mejor no describir por lo vomitivas que son. Tenían que hacer carnets de topless, sólo las tías con buenos pechos deberían poder enseñarlos en la playa. A lo que iba, llené la jeringuilla de betadine, le puse la aguja y la introduje en la torre más alta de mi castillo apuntando al cielo, ese día estaba tranquilo e inspirado, el castillo era enorme y mi mejor obra, lo note en la sonrisa del niño hijo puta cuando llegó a la playa a eso de las 17:30h. No tardé en sumergirme en el agua a ver cuanto tardaba ese pequeño cabrón en caer en mi trampa. El muy bastardo ni siquiera esperó a que me metiera en el agua, él sabía que era mi mejor obra y quería destrozarla cuando yo aún estaba seco. Hoy en día, cuando estoy estresado siempre me viene a la cabeza la imagen de esa puta ladilla con la jerinquilla atravesandole la planta del pie gritando de dolor, su madre llorando y su padre llamando a una ambulancia a la vez que le chupaba la planta del pie para quitarle la presunta “sangre” tal vez infectada de sida y entonces me relajo. Nunca volví a ver en la playa a ese puto piojo y puedo contemplar como el mar destroza lentamente mis castillos mientras escucho el batir de las olas en la arena una tarde soleada de agosto.

En: Relatos — May 23, 2006 — menéame menéame


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Comentarios

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  1. jajajaja, el protagonista del relato no solo tenia un problema, el de que el niño le rompiese los castillos, tenia alguno más, que te guste hacer castillos de arena con 22 años es preokupante….que un crio te saque de kizio…tmb es preokupante, pero ya ke le pongas trampas en el castillo en plana cebado….hahahaaa Muy bueno el relato!

    Sn_{-_-}_ - May 23, 2006 @13:20
  2. LoL,LLLOOOLL! un rato…

    lol - May 23, 2006 @14:36
  3. muestrate un castillo de arenasipozz pa quelo veamos y demoslaopinion que tal te quedo eeh,,,,1

    arlette - October 6, 2007 @13:43

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